viernes, 8 de enero de 2010

Sueños de un después, memorias de un ayer.

Las rejas de la diminuta ventana la devolvieron a su cruel realidad. No pudo evitar preguntarse como fue que el destino la logró arrojar hasta allí. Su mente le había jugado una mala pasada, la locura ganado. Y todo era culpa de él.
Él, Christopher Smith. Cristopher, Chris. Su nombre lograba retumbar en sus débiles oídos y de pronto sentía la protección de sus fuertes brazos, delatores de arduas tardes de entrenamientos. Aún hoy, podía jurar, veía su mirada café en todo momento. Es que a cada instante suyo él estaba presente para recordarle que le pertenecía. Era propiedad de Christopher Smith, siempre lo sería. Y no podía estar más satisfecha consigo misma.
, estaba enamorada. Era el amor de su vida y no una obsesión como aquellos viejos de túnicas blancas le habían apuntado. ¿Cómo no iba a serlo si sobrevivían frescos en su memoria los momentos juntos? Christopher, Chris, Christopher, su Chris. ¿Cómo tildar lo que sentía de obsesión cuando el calor de su fuerte mano permanecía latente en la suya? Las risas del pasado le revolvían el estómago pero no dejaba de recordar. Recordar… A esa simple y dolorosa tarea se había reducido su vida. Recordar y esperar. Esperar que algún día apareciera él, caminando por el marco de la puerta, con su espalda erguida y esa mueca que solía tener en su rostro. Sí, dedicaba sus días a esperar por algo que nunca sucedería y a recordar ese pasado feliz que solo en sueños puede volver.
Otro recuerdo la embargó y una lágrima derramó. Las caminatas tomados de la mano bajo el sol de playa fueron reemplazadas por gritos y llantos. En el medio de la tormenta una cabellera rubia brillaba. Su mirada se transformó en odio mas su mente siguió perdida en la tormenta y en ese envidiable cabello dorado que Christopher acariciaba. Ese envidiable cabello que no le correspondía a ella.
Su mente se nubló y gritó de dolor. No quería recordar. Le habían rotó el corazón y en sus corazones ella una navaja clavó.


jueves, 7 de enero de 2010

Aur Revoir

Posiblemente nunca utilize esta cosa que apenas si entiendo. Conociéndome, en poco tiempo me voy a aburrir, o peor, olvidar que tengo un blog. Pero mientras tanto, ¿quién me impide de escrbir? Hace bastante que no lo hago, a decir verdad, pensé que había olvidado como escribir.
Whatever, hoy fue un día especial y necesito descargar... Y es que parte de mi corazón hoy se encuentra en un avión, o tal vez en un aeropuerto esperando durante una de esas tediosas escalas que aprendí a odiar, viajando lejos para quedarse allí, en Estados Unidos, en Nueva York, perdón... Perdón, en Nueva Jersey, como me corrigió aquel gringo que hace tanto se llevó lejos a esa personita que se pasaba los días y horas conmigo y que también tanto rechazé por eso mismo, por llevársela. Ese gringo con aires de querer ser rioplatense que con el tiempo aprendí a querer tanto como mi preciada tía, aquel que hace mucho no es aquel sino mi Tío Luís, mi Uncle Lui o como sea pero alguien a quién adoro y voy a extrañar muchisimo, de la misma forma que voy a extrañar a mi Tía Pupy... y un poco menos de lo que voy a necesitar las risas, besos y abrazos de, lo admito, mi primo preferido.
Por ahora me quedo con las risas de nuestro último encuentro pero los voy a extrañar demasiado tíos y Martín, hasta el año que viene...